Israeli Border Police start fire, destroy family’s home when they shoot tear gas grenade through window

CPT Palestine

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On 26 December 2013, while CPTers were doing their routine monitoring of the school patrol at the Qitoun checkpoint, schoolboys threw several volleys of stones at the checkpoint for about a minute.  Border police at the checkpoint responded by throwing a sound bomb and then firing a teargas grenade.

The grenade entered the second-story window of the Al-Karaky family’s three-room apartment.  They were drinking coffee when it landed in their living room and fled the house.  The canister started a fire inside the house after the family left.

Everything in the small apartment—including numerous books, among them holy books such as the Qur’an—was burned or ruined by water from Hebron’s Municipal Fire Department, which arrived promptly to put the blaze out.

This incident is not the first time objects have come through the window of the Al-Karaky home, when boys have thrown stones at the checkpoint and border police have responded…

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Do not expect different results from the same experiment…

Nomika Zion pertenece a The Other Voice, un grupo israelí sin aspiraciones políticas. Es ciudadana de la región Sderot y Gaza. Vive en uno de los kibbutz afectados por el lanzamiento de cohetes desde Gaza a territorio israelí.

© EAPPI

Nomika escribió una carta al gobierno israeli: “Not in my name, not for my security” es la frase que contiene su mensaje. Ella no se identifica con su gobierno y rechaza la guerra, los ataques a Gaza y la ocupación.

Aqui puede encontrarse un extracto en español de una entrevista realizada por un acompañante ecuménico.

El shabbat y las fuerzas desmedidas

Los viernes por la tarde, cuando cae el sol, comienza el Shabbat para los judíos. Es el comienzo del descanso, un tiempo para compartir con la familia y rezar en la sinagoga a la hora de la puesta del sol. Para los judíos más observantes, el descanso es absoluto y se abstienen del uso de todo tipo de máquinas y dispositivos eléctricos. Excepto aquellos que leen en las leyes de la tradición judía que la seguridad es una excepción. Se puede ver a muchos colonos, en general los hombres, en procesión hacia la sinagoga con sus familias y niños pequeños en brazos y una ametralladora colgando del hombro o una pistola en el cinto.

Prayers road: cuando cae el sol comienza el Shabbat. Los colonos caminan en procesión hacia la sinagoga bajo custodia militar

Prayers road: cuando cae el sol comienza el Shabbat. Los colonos caminan en procesión hacia la sinagoga bajo custodia militar

Una de nuestras tareas es monitorear la procesión que comienza en Wadi Al Hussein (es un valle) desde el asentamiento colono Kiryat Arba hacia la sinagoga. La procesión se realiza con un importante operativo militar: decenas de soldados se apostan a lo largo del camino y en torretas de vigilancia armados con ametralladoras cargadas con amunición real. Nuestro trabajo es observar que la procesión se realice en la forma más pacífica posible: palestinos e israelíes tienen derecho a caminar sobre la misma calle sin provocarse mutuamente. Hasta las piedras sudan tensión.

Saura! Saura! (Foto! Foto!) – gritaba un palestino apuntando con el dedo hacia los vehículos militares: unos quince soldados se encargaban de los dos criminales.

Un soldado salió de uno de los vehículos y comenzó a auscultarlos y rellenar una planilla. Otros soldados se encargaban de bloquearnos el acceso y nos tomában fotos mientras nosotros intentábamos cubrir el arresto. Otro, que parecía estar a cargo del operativo, me indicaba con la mano que me aleje y se negaba a contestar preguntas sobre los detenidos. Y luego llenó un formulario con los datos de los criminales y se los hizo firmar con las manos esposadas con precintos plásticos.

Los soldados hacían chistes y se reían y fumaban mientras les vendaban los ojos. Los criminales estaban paralizados del miedo.

Otro soldado, quien me había saludado amablemente al llegar, se acercó a mi con su ametralladora colgando y apuntándome involuntariamente: es la costumbre de llevar un arma y no prestar atención hacia dónde apunta. La corrió cuando vio mi cara. “Estaban tirando piedras a los soldados y a… la gente.” – refiriéndose a los colonos, claro.  “No sé a dónde los llevan, a una base militar seguramente. Pero es normal”. No me quiso explicar por qué les vendan los ojos.

“Tienen 16 años, no son niños” – dijo el soldado/médico. Sus compañeros lo callaron cuando comenzaba a explicarme por qué les vendan los ojos. Terminó la explicación cuando nos dejaron solos: “los llevan a una base militar donde hay mapas secretos en las paredes”. Durante el resto de la conversación intenté razonar sobre lo ridículo de su razonamiento y sobre la ilegalidad de vendarle los ojos a menores de edad.

Les vendan los ojos porque los llevan a una base militar donde hay mapas secretos en las paredes

No hubo lugar para discutir las edades, por más que el más joven parezca de 14. Un ciudadano israelí es mayor de edad a los 18, pero en los territorios ocupados es 16: es como si las leyes dependieran de las etnias o los procesos biológicos dependieran de qué lado del muro te toca estar.

Convención sobre los Derechos del Niño

Artículo 37

Los Estados Partes velarán por que:

a) Ningún niño sea sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. No se impondrá la pena capital ni la de prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años de edad;

b) Ningún niño sea privado de su libertad ilegal o arbitrariamente. La detención, el encarcelamiento o la prisión de un niño se llevará a cabo de conformidad con la ley y se utilizará tan sólo como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda;

c) Todo niño privado de libertad sea tratado con la humanidad y el respeto que merece la dignidad inherente a la persona humana, y de manera que se tengan en cuenta las necesidades de las personas de su edad. En particular, todo niño privado de libertad estará separado de los adultos, a menos que ello se considere contrario al interés superior del niño, y tendrá derecho a mantener contacto con su familia por medio de correspondencia y de visitas, salvo en circunstancias excepcionales;

d) Todo niño privado de su libertad tendrá derecho a un pronto acceso a la asistencia jurídica y otra asistencia adecuada, así como derecho a impugnar la legalidad de la privación de su libertad ante un tribunal u otra autoridad competente, independiente e imparcial y a una pronta decisión sobre dicha acción.

De acuerdo con el documento elaborado por UNICEF “Children in Israeli Military Detention – Observations and recommendations” (Feb. 2013), el niño deberá ser retenidos durante el tiempo estrictamente necesario, no se deberá utilizar un único precinto plástico para esposarlo; durante el transporte el niño deberá estar sentado correctamente y sin vendas en los ojos. La práctica de venda en los ojos o encapuchado debe ser prohibida en cualquier circunstancia.

Además, el niño debe ser notificado debidamente sobre los motivos del arresto en un lenguaje que comprenda: pocos soldados hablan árabe y los niños no comprenden suficiente hebreo. Hemos visto también que la documentación que deben firmar no siempre está disponible en árabe.

Por último, el arresto debe ser utilizado como última medida.

Me pregunto si los soldados agotaron todas las medidas de persuasión previas al arresto.

Es poco lo que podemos hacer como observadores en estas circunstancias y el sentimiento de frustración es inmenso. Tomamos fotos y videos, intentamos obtener nombres y números de documentos de los niños para hacer un seguimiento y determinar a dónde los llevaron, cuáles son los cargos y, por sobre todas las cosas, contactar a la familia. El palestino que me pidió ayuda logró obtener el nombre de uno de los dos, supo que son primos (en esta cultura, las familias extendidas son realmente grandes y es posible que el parentesco sea muy lejano) y que viven en Yatta, una ciudad en Cisjordania a media hora hacia el sur de Hebron.

En estas situaciones mi capacidad de entendimiento entra en crisis: la religiosidad y el misticismo fundidos con la realidad de ocupación, legitimados por un Estado en estado de terror.

No supe nada más de los niños. Espero que los hayan liberado y que ya estén con sus familias. Seguramente, el arresto no sirvió de persuasión para que no tiren piedras.

Y los soldados son, quizás, los únicos que no tienen shabbat shalom.

Llegar a la escuela

El área de Hebron que quedó bajo el control exclusivo de las fuerzas israelíes abarca los espacios típicos de la vida de una ciudad: las casas, las plazas, el mercado de víveres, los negocios de todo tipo y también las escuelas.

La escuela Córdoba, sufrió los efectos de la Segunda Intifada: entre el año 2000 y el 2003 asistían sólo 50 niños. Los bloqueos en calles y caminos, el miedo a las revueltas en las calles, la violencia por parte de soldados y colonos, entre otras causas, hacía más difícil a los niños acceder a su educación.

Durante la ocupación, la fuerza ocupante debe garantizar el acceso a la educación de acuerdo a la Cuarto Convenio de Ginebra (1949).

“Art. 50: La Potencia ocupante, con la cooperación de las autoridades nacionales y locales, facilitaran el buen funcionamiento de los establecimientos dedicados a la atención y educación de los niños…

Sin embargo, el día a día para los niños de Hebron no se encuentra garantizado por este artículo ni por ningún otro artículo o ley o convenio. Ni siquiera por la buena suerte, que de tanto en tanto cae en forma de soldado menos malhumorado.

Los niños llegan al inicio de calle Shuhada, ahí nomás de Bab Al Zawiya (el mercado actual), y deben pasar por un checkpoint en forma de contenedor.

El checkpoint 56 cierra calle Shuhada desde hace 20 años

El checkpoint 56 cierra calle Shuhada desde el año 1994.

Del otro lado de los detectores de metal esperan 2 soldados de entre 18 y 20 años fuertemente armados y con una importante misión: controlar a unos 350 niños menores de 16 años que pasan a diario para acceder a las escuelas que quedaron bajo ocupación.

Las reglas de esa misión parecen no estar claras y el comportamiento de los soldados resulta, dentro de ciertos límites, imprevisible. A veces los niños pasan sin ser detenidos aunque el detector de metales se enfurezca. Pero otras tantas veces, la mayoría de las veces, deben volver atrás, quitarse la mochila y todo lo que altere la paz del detector de metales y volver a pasar una y otra vez. Hasta el cinturón de sus pantalones. Del otro lado, un soldado aburrido revisa las mochila llenas de libros, útiles escolares y quizás unas papas fritas. Es parte del juego y la respuesta es parte de la resistencia. Aunque los niños sepan que el detector suena cada vez, ellos no van a sacar voluntariamente las llaves o las monedas del bolsillo ni el cinturón de sus pantalones. Aunque les lleve más tiempo, aunque haya un soldado malhumorado del otro lado que les grite en otro idioma, ellos van a ignorar la autoridad extranjera.

Acceder a la escuela para algunos puede ser un camino largo. Para otros es un camino horrible.

Llegar a la escuela para algunos puede ser un camino largo. Para otros es un camino horrible.

Tras años de protesta por la exposición diaria al detector de metales, la autoridad ocupante accedió a dejar pasar a los maestros por una puerta lateral. A pesar de que el soldado ve pasar a las mismas maestras, día tras día les exige mostrar su documento donde señala que es maestra y habitualmente se demora más de lo necesario en abrir la puerta. Y de paso les revisa la cartera.

Los caprichos de la ocupación, de los asentamientos colonos y la violencia prohiben a los niños caminar transitar los últimos 100 metros hasta la puerta de la escuela. El sinsentido se materializó en una escalera improvisada en piedras y un caminito por el cual los palestinos pueden caminar a 5 metros del camino original. Y aún así, el asedio habitual motiva a los distintos organismos observadores de derechos humanos a hacerse presente a diario, tanto el en checkpoint como en el desvío que lleva a la escuela. Es más, las autoridades palestinas decidieron comenzar las clases más temprano para evitar los roces con los niños colonos que viven en los asentamientos cercanos. ¿Ridículo?

Hoy hay unos 150 niños que pueden acceder a la escuela Córdoba bajo estas condiciones de ocupación y unos 350 niños se ven beneficiados por nuestra presencia.

Historias cortas para un día de descanso

Todavía no se cumple una semana desde que tomamos la posta en Hebron, West Bank y ya recaudamos una interesante serie de experiencias que vale la pena contar.
A diario visitamos distintos zonas calientes de la ciudad, particularmente en las zonas céntricas, cercanas al Souq. Cada esquina, cada cueva, cada elevación, cada piedra pareciera tener un vínculo histórico con las historias narradas en la Biblia y en la Torah. Pareciera ser que ese vínculo aparente legitimizara una infinidad de actos difíciles de describir, difíciles de comprender y que exceden de tal manera la razón que sólo resta reír sacudiendo la cabeza para resistirse a la naturalización y a la ocupación de las mentes.
Tel Rumeida es uno de esos lugares y seguramente voy a revisitarlo en este blog. Un grupo de colonos comenzó a ocupar ilegalmente algunas casa y comenzó a expandirse en forma de asentamiento albergando a un pequeño grupo de colonos extremistas, entre los cuales se encuentra uno relativamente famoso por su agresividad (ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Tel_Rumeida y leer también sobre Baruch Marzel). A metros del asentamiento viven familias de palestinos que sufren constantemente del asedio, la violencia y agresión de los colonos y de sus niños. Conocimos a Hashem, quien vive con su esposa y 4 hijos en su casa justo al lado de los colonos y debe presentar un permiso (otorgado por Israel) para poder acceder a su casa. Las fuerzas israelíes prohíben a la familia utilizar la entrada original a la casa; deben hacer un rodeo y pasar por un camino precario expuesto al asedio habitual de los colonos: piedras, agua, excrementos y lavandina entre otros.
Hasta los niños participan en la violencia.

Este video fue tomado por el equipo previo de acompañantes en Al Khalil mientras protegían la familia de Hashem del asedio de los colonos.

Para llegar a Tel Rumeida pasamos por una garita donde hay siempre al menos un soldado. Al ver mi pasaporte, que su madre era argentina, de Córdoba, y agregó: “if you are from Argentina you don’t love jewish people”. No encuentro muy clara la conexión.
La mayor parte de nuestro trabajo como observadores ecuménicos se centra en la ciudad vieja de Al Khalil. Es el centro histórico y también el mercado que ya no tiene la vida que solía tener ya que quedó encerrada en el área H2, bajo control exclusivo de las fuerzas militares israelíes.
El plan del día sábado se reducía a ofrecer presencia protectora en el Souq (la ciudad vieja) durante el “settlers tour” semanal. Los colonos se pasean durante el shabat en grupo acompañados por soldados armados hasta los dientes y uno o dos guías que van contando historias y mitos religiosos relacionados con la ciudad. El tour se percibe como una provocación a los palestinos, una demostración de poder y supremacía. El grupo de 40 colonos y turistas judíos estaba escoltado por unos 8 soldados y otros tantos en las torres de seguridad a lo largo del recorrido.
La tensión es evidente, los palestinos quieren seguir su rutina habitual en los negocios de artesanías, baratijas para turistas y alimentos, pero durante el tour todo se paraliza.
A pesar de la tensión, no registramos incidentes pero algunos de los observadores vieron cómo uno de los guías se acercaba a un negocio, sin permiso tomaba un trozo de queso en su envoltorio y explicaba la conexión que hay entre el queso y el pueblo judío en ese lugar. Luego invitó a los colonos a que tocaran el queso y a proseguir la marcha.
Unos minutos más tarde, caminando por la emblemática Shuhada street un grupo de niños colonos de unos 10 años comenzaron a escupirnos. Al llamarle la atención, un soldado que estaba de guardia a unos 20 metros les dijo que se vayan. Luego de dar una vuelta, volvimos a ver a los niños colonos intentando violentar la reja de la casa de Hashem… Violencia y ocupación a la orden del día.
Settler tour (tour de los colonos). Los sábados, durante el descanso del shabbat, se reúnen y pasean por las calles de la ciudad vieja contando historias.

Settler tour (tour de los colonos). Los sábados, durante el descanso del shabbat, se reúnen y pasean por las calles de la ciudad vieja contando historias.

Al Khalil (الخليل) – Hebron

Al Khalil ( الخليل),una ciudad en el sur de Cisjordania (West Bank),  arrastra un peso histórico-religioso muy particular: es donde judíos y mulmanes creen que descansan los restos de Abraham y otras personalidades fundamentales para la identidad cultural y religiosa judía, islámica y cristiana. Se cree que las tumbas de los patriarcas Abraham, Isaac, Jacob y las matriarcas Sarah, Rebecca y Leah están en la ciudad, en particular en la mezquita Al Ibrahimi, cuyo edificio se encuentra dividido: una parte para musulmanes y una parte para judíos, en todo caso fuertemente custodiado por las fuerzas israelíes.

Entrada a la mezquita Ibrahim y uno de los puestos de seguridad por los que se debe pasar para acceder.

Entrada a la mezquita Ibrahim y uno de los puestos de seguridad por los que se debe pasar para acceder.

Las referencias históricas y su situación estratégica posicionan a la ciudad en el centro de la disputa y la codicia. Ambas naciones, palestinos y judíos, han convivido durante cientos de años en toda la región hasta la llegada del Siglo XX y las guerras transformadoras de colonias.

Historia de ocupación reciente

La ciudad fue ocupada y anexada por el Reino de Jordania durante los primeros años luego de la creación del Estado de Israel, en un acuerdo estratégico con las autoridades locales. En la guerra de los seis días (1967), Israel ocupó la ciudad hasta que en el año 1997 se firmó el Protocolo de Hebrón en el cual se acordaba una retirada de las fuerzas ocupantes del 80% del territorio y una liberación progresiva. En la minuta de la reunión celebrada entre la cabeza del PLO (Palestine Liberation Organization) Yasser Arafat y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se acordó la reapertura de una de las calles principales de la ciudad de Hebron, conocida como Shuhada Street, eje cultural y económico de la ciudad. Hoy, la calle sigue bloqueada con checkpoints, restricciones a la circulación y los asentamientos de colonos israelíes siguen en expansión.

Dieciseis años después, la ciudad sigue dividida en las áreas H1 – bajo control de la Autoridad Palestina (AP) – y H2 – bajo control de las fuerzas israelíes (IDF) -, con numerosos checkpoints, bloqueos en calles, restricciones a palestinos e israelíes y una fuerte presencia de colonos. En el mapa se pueden ver los 6 asentamientos de colonos que coexisten en la región (marcados en rosa).

Sección de la ciudad con las dos áreas H1 (AP) y H2 (IDF), además de todos los checkpoints, restricciones de circulación y bloqueos. Se indican los asentamientos de colonos (click para ver)

 En los asentamientos, en particular en Hebron, viven familias israelíes conservadoras y observadoras de las costumbres y reglas del judaísmo. Excepto las que se refieren a la convivencia, la paz y la fraternidad, reglas que parecen quedar descartadas bajo la consignas oficiales de desplazamiento de palestinos, agresión verbal, física y hostigamiento contínuo mediante todos los mecanismos que la ocupación les provee.