El shabbat y las fuerzas desmedidas

Los viernes por la tarde, cuando cae el sol, comienza el Shabbat para los judíos. Es el comienzo del descanso, un tiempo para compartir con la familia y rezar en la sinagoga a la hora de la puesta del sol. Para los judíos más observantes, el descanso es absoluto y se abstienen del uso de todo tipo de máquinas y dispositivos eléctricos. Excepto aquellos que leen en las leyes de la tradición judía que la seguridad es una excepción. Se puede ver a muchos colonos, en general los hombres, en procesión hacia la sinagoga con sus familias y niños pequeños en brazos y una ametralladora colgando del hombro o una pistola en el cinto.

Prayers road: cuando cae el sol comienza el Shabbat. Los colonos caminan en procesión hacia la sinagoga bajo custodia militar

Prayers road: cuando cae el sol comienza el Shabbat. Los colonos caminan en procesión hacia la sinagoga bajo custodia militar

Una de nuestras tareas es monitorear la procesión que comienza en Wadi Al Hussein (es un valle) desde el asentamiento colono Kiryat Arba hacia la sinagoga. La procesión se realiza con un importante operativo militar: decenas de soldados se apostan a lo largo del camino y en torretas de vigilancia armados con ametralladoras cargadas con amunición real. Nuestro trabajo es observar que la procesión se realice en la forma más pacífica posible: palestinos e israelíes tienen derecho a caminar sobre la misma calle sin provocarse mutuamente. Hasta las piedras sudan tensión.

Saura! Saura! (Foto! Foto!) – gritaba un palestino apuntando con el dedo hacia los vehículos militares: unos quince soldados se encargaban de los dos criminales.

Un soldado salió de uno de los vehículos y comenzó a auscultarlos y rellenar una planilla. Otros soldados se encargaban de bloquearnos el acceso y nos tomában fotos mientras nosotros intentábamos cubrir el arresto. Otro, que parecía estar a cargo del operativo, me indicaba con la mano que me aleje y se negaba a contestar preguntas sobre los detenidos. Y luego llenó un formulario con los datos de los criminales y se los hizo firmar con las manos esposadas con precintos plásticos.

Los soldados hacían chistes y se reían y fumaban mientras les vendaban los ojos. Los criminales estaban paralizados del miedo.

Otro soldado, quien me había saludado amablemente al llegar, se acercó a mi con su ametralladora colgando y apuntándome involuntariamente: es la costumbre de llevar un arma y no prestar atención hacia dónde apunta. La corrió cuando vio mi cara. “Estaban tirando piedras a los soldados y a… la gente.” – refiriéndose a los colonos, claro.  “No sé a dónde los llevan, a una base militar seguramente. Pero es normal”. No me quiso explicar por qué les vendan los ojos.

“Tienen 16 años, no son niños” – dijo el soldado/médico. Sus compañeros lo callaron cuando comenzaba a explicarme por qué les vendan los ojos. Terminó la explicación cuando nos dejaron solos: “los llevan a una base militar donde hay mapas secretos en las paredes”. Durante el resto de la conversación intenté razonar sobre lo ridículo de su razonamiento y sobre la ilegalidad de vendarle los ojos a menores de edad.

Les vendan los ojos porque los llevan a una base militar donde hay mapas secretos en las paredes

No hubo lugar para discutir las edades, por más que el más joven parezca de 14. Un ciudadano israelí es mayor de edad a los 18, pero en los territorios ocupados es 16: es como si las leyes dependieran de las etnias o los procesos biológicos dependieran de qué lado del muro te toca estar.

Convención sobre los Derechos del Niño

Artículo 37

Los Estados Partes velarán por que:

a) Ningún niño sea sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. No se impondrá la pena capital ni la de prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años de edad;

b) Ningún niño sea privado de su libertad ilegal o arbitrariamente. La detención, el encarcelamiento o la prisión de un niño se llevará a cabo de conformidad con la ley y se utilizará tan sólo como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda;

c) Todo niño privado de libertad sea tratado con la humanidad y el respeto que merece la dignidad inherente a la persona humana, y de manera que se tengan en cuenta las necesidades de las personas de su edad. En particular, todo niño privado de libertad estará separado de los adultos, a menos que ello se considere contrario al interés superior del niño, y tendrá derecho a mantener contacto con su familia por medio de correspondencia y de visitas, salvo en circunstancias excepcionales;

d) Todo niño privado de su libertad tendrá derecho a un pronto acceso a la asistencia jurídica y otra asistencia adecuada, así como derecho a impugnar la legalidad de la privación de su libertad ante un tribunal u otra autoridad competente, independiente e imparcial y a una pronta decisión sobre dicha acción.

De acuerdo con el documento elaborado por UNICEF “Children in Israeli Military Detention – Observations and recommendations” (Feb. 2013), el niño deberá ser retenidos durante el tiempo estrictamente necesario, no se deberá utilizar un único precinto plástico para esposarlo; durante el transporte el niño deberá estar sentado correctamente y sin vendas en los ojos. La práctica de venda en los ojos o encapuchado debe ser prohibida en cualquier circunstancia.

Además, el niño debe ser notificado debidamente sobre los motivos del arresto en un lenguaje que comprenda: pocos soldados hablan árabe y los niños no comprenden suficiente hebreo. Hemos visto también que la documentación que deben firmar no siempre está disponible en árabe.

Por último, el arresto debe ser utilizado como última medida.

Me pregunto si los soldados agotaron todas las medidas de persuasión previas al arresto.

Es poco lo que podemos hacer como observadores en estas circunstancias y el sentimiento de frustración es inmenso. Tomamos fotos y videos, intentamos obtener nombres y números de documentos de los niños para hacer un seguimiento y determinar a dónde los llevaron, cuáles son los cargos y, por sobre todas las cosas, contactar a la familia. El palestino que me pidió ayuda logró obtener el nombre de uno de los dos, supo que son primos (en esta cultura, las familias extendidas son realmente grandes y es posible que el parentesco sea muy lejano) y que viven en Yatta, una ciudad en Cisjordania a media hora hacia el sur de Hebron.

En estas situaciones mi capacidad de entendimiento entra en crisis: la religiosidad y el misticismo fundidos con la realidad de ocupación, legitimados por un Estado en estado de terror.

No supe nada más de los niños. Espero que los hayan liberado y que ya estén con sus familias. Seguramente, el arresto no sirvió de persuasión para que no tiren piedras.

Y los soldados son, quizás, los únicos que no tienen shabbat shalom.

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